Anécdotas de un trabajo
Creo que nunca he comentado en que consiste mi trabajo actual. Aunque soy informático desde hace muchos años, me encuentro en reposo, decidiendo y cabilando que quiero y no quiero hacer. Pero claro, no se puede estar sin hacer nada de nada, así que tengo un trabajo los fines de semana.
Trabajo en la recogida de residuos urbanos aquí en mi ciudad. El camión que recoge los contenedores antes llevaba dos trabajadores detrás, que arrastraban los bombos a la parte trasera del camión, pero con los adelantos técnicos de hoy en día, el camión hace este proceso completamente sin ayuda de nadie.
Ahora sólo va el chofer, que lleva 2 pantallas en la cabina, y mediante 3 cámaras, vigila que todo sucede con normalidad. Sitúa el camión de forma paralela al contenedor, ayudado por una linea blanca dibujada en la pantalla que marca el centro y debe alinearse. Después coge una especie de joystick y mueve los brazos mecánicos, que levantan el contenedor y lo vacía.
¿Y entonces que hago yo? Pues es fácil, si el contenedor de basura esta lleno, la gente deja las bolsas fuera, y estas si que no puede recogerlas el camión sólo. Conduzco un camioncito a gasoil, y voy siempre un poco por delante del camión, recogiendo lo que está en el suelo, ordenando los muebles y avisando de zonas estrechas que puedan ser complicadas.
En eso consiste mi trabajo actual. Mi horario es Sábados y Domingos de las 22:00 horas a las 03:30 que es la hora media a la que termino, algunos días más tarde y otros días menos.
De noche se ven muchas cosas, algunas bonitas y otras horrorosas, pero hasta el día de hoy no me ha pasado nada comparable a lo que pasó el pasado Fin de Año.
Me tocaba trabajar el mismísimo día 1 de Enero a las 06:00 de la mañana. Aun no estaba con el camioncito, sino recogiendo el cartón de los pueblos que rodean la ciudad con un compañero.
Eran las 06:30 de la madrugada, era la noche mas oscura del globo y hacía un frío que helaba los huesos. Acababa de terminar de chispear y se levantaba la típica bruma de las típicas películas de miedo. Ibamos montados en el camión por una estrecha carretera que pasa cerca de un pueblo, en medio de la nada.
Acurrucado en mi asiento, muerto de frío y de sueño, iba pensando en no se qué, cuando en una milésima de segundo, veo algo diferente que no encajaba en la carretera por el rabillo del ojo. A mi mente llegó la imagen y no quería creerlo, me pareció ver a una niña andando por el arcén en sentido contrario al nuestro.
Bah!, lo que hace el sueño a estas horas pensé. Me mira el conductor despacio con los ojos tibios, y me dice:
-Pedro, ¿sabes que me ha parecido ver? A una niña andando por el arcén
Eah!, ya la liamos. A él también le ha parecido verlo y descartamos que el sueño me haya jugado una mala pasada. El camión seguía en marcha pero cada vez a un ritmo menor, cuando el compañero me pregunta:
-¿Qué hacemos? ¿Dámos la vuelta?
Menuda preguntita…, pues mira para serte sincero, como que prefiero que sigas conduciendo y mirando al frente sin decir nada, y así hacemos como si no lo hubieramos visto. Pero enseguida pensé….. ¿Y si se ha perdido y la atropella un coche? ¿Y si iba en un coche que ha tenido un accidente? ¿Y si fué abducida y la han soltado aquí mismo?
Había que dar la vuelta, y así hicimos. Dimos la vuelta al camión y circulamos por la cada vez más estrecha carretera, con la ayuda de unos tristes focos que no alumbraban a más de un metro, lo que nos obligó a circular a un ritmo realmente muy lento, casi como si fueramos andando. Y para colmo, mi lado de la cabina es el que dá al arcén.
Ibamos muy despacio, casi asomándonos por la luna delantera, con los ojos desencajados buscando algo en la oscura noche. Esperando que apareciese algo justo delante nuestra alumbrado por los focos, aunque en realidad no queríamos que apareciese nada.
Y justo cuando los nervios estaban a flor de piel, y la tensión se hizo evidente, apareció iluminada la silueta de una persona sin rostro tapado por los pelos, justo a medio metro del camión, sentada en el suelo.
No puedo describir la sensación que tenía en ese momento, era de incredulidad y pánico. Había alguien en medio de la nada, de noche y con ese frío. Y además sabía que había que bajarse del camión.
Lentamente abrí la puerta del mismo y la bruma enseguida empapó mi ropa, hacía realmente un frío de espanto y tenía aquella imagen tan insólita delante de mí. Una figura femenina, vestida totalmente de negro, con la cara totalmente tapada por la larga melena pelirroja, empapada y sin moverse un ápice, sentada en medio de la carretera. Me entraban ganas de volver a subir y continuar con nuestro camino. No debíamos estar allí.
Fuimos avanzando despacio hacia donde estaba, y conforme me acercaba iba examinando la situación. Enseguida ví que tiritaba de frío, y que no era una niña, sino alguien más mayor. Desde una distancia prudencial aclaré la garaganta y con temblorosas palabras dije:
-¿Estás bien? ¿Quiéres que llamemos a alguien? ¿necesitas ayuda?
No obtuve respuesta, seguía allí sentada quieta, sin decir una palabra. Ni siquiera podía verle la cara para saber en que estado se encontraba. El compañero cayó en la cuenta, de que estábamos en medio de la carretera, y tan oscuro como estaba, nos pdían llevar por delante. Así que había que moverla de allí y ponerla en un sitio más seguro.
Nos acercamos un poco más e hice el intento de tocarla. Cuando mis dedos estaban apunto de tocar su mano, levantó la cabeza rápidamente y me miró fijamente a los ojos, con los labios temblorones, y la cara llena de hollín. Me asusté y retrocedí un par de pasos a pensar, porque ahora nos miraba fijamente, como si estuviera echándonos un maleficio, o juntando ganas para sacar un chuchillo y hacernos cachitos bien pequeños.
Sin pensarlo, fuimos los dos a la vez a por ella. La cogimos por los brazos y la llevamos medio en el aire hasta el arcén. El compañero se montó en el camión y lo quitó también de la carretera.
Mientras lo aparcaba, aprovechó para llamar por la emisora a la policia local. Que era lo más lógico en ese momento. Estuvimos casi una interminable hora allí de pié, junto a aquella muerta viviente, esperándolos.
Estuve haciéndole preguntas breves, a ver si conseguía que dijese algo, y lo conseguí al fín:
-Yo no español
Madre de dios!, con razón, no es de aquí, Así no nos entendía
-Yo rusa
Vaya, todo empieza a encajar. Noche de fin de año, vestida entero de cuero negro, pelirroja, carretera abandonada cerca de ciudad…..después de la fiesta la habían dejado allí tirada, cuando ya había cumplido.
A lo lejos empezaban a verse destellos azules, cuando la mujer empezó a caminar en sentido contrario. Tuvimos que ponernos en medio para que se parase, con el miedo a que cruzara la carretera.
Cuando la policía llegó, parecían los dos montados en el coche, dos novatos recién salidos de la academia. Cuando veían la escenita de la muerta viviente allí en medio, no se querían bajar
Trás echarlo a suertes me imagino, uno de ellos se acercó, nos miró, la cogió del brazo y con algo de recelo la mujer subió al coche. El agente nos dió las buenas noches y se fueron por donde habian venido.
Estuvimos allí un par de minutos más el compañero y yo, hasta que despertamos del letargo y subimos al camión. No volvimos a saber nada más de aquella mujer, ni hemos vuelto a hablar de lo que pasó aquella noche de Fin de Año.
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