Escondite
Internet es el alter ego del mundo real, un lugar creado para escapar o para suplir las carencias o limitaciones de lo que no podemos hacer en nuestras vidas. Dicen que la gente con menos vida social son las que pasan más horas conectadas, relacionándose bajo un seudónimo o en el anonimato, usando un lenguaje que no son capaces de usar normalmente. ¿Habrá gente que pase aquí tanto tiempo que desconecte totalmente del mundo real y no sea capaz de volver a el?
He visto verdadera angustia cuando me traen un equipo averiado por no poder conectarse a Internet. Se ha convertido en un sitio al que hay que acudir a diario para mucha gente, más de la que pensaba, y más de la que debería quizás. Hay entendidos que hablan de adicción, de ciberdependencia.
Y cierto es que a veces viene uno aquí buscando calma, y algunos todo lo contrario, leyendo a gente que habla de cosas que a uno le gusta escuchar, aunque a veces solo se encuentra a máquinas tecleando al otro lado siempre hablando de lo mismo. O gente que solo critica todo cuanto ve y cuanto oye, o auténticos líderes políticos cibernéticos que son seguidos a pies juntillas por aquellos que van donde sopla el viento. Y no se que esperamos de todo esto. Internet no existe, son las personas que vienen aquí a escapar las que se encuentran con otros que vienen también escapando.
Igual que algún día se acabará el agua o el petróleo, algún día se acabará la electricidad, o el silicio para fabricar procesadores, y entonces volveremos a la época analógica, donde tendremos que aguantarnos unos a otros y volver a vernos las caras. Y miles de cosas dejarán de hacerse, o quizás todas a la vez, todo lo que esté conectado al cable de este escondite no será nada, y todo quedará en el olvido, todas las palabras, pensamientos y liberaciones de la gente se perderán para siempre, y la gente que vive en Internet dejará de vivir, quedarán como robots sin batería sentados en un escritorio a la luz de un monitor en una oscura habitación.
Pero mientras aquí seguimos, escribiendo algo que dejar para siempre una vez nos vayamos, y alguien lea en otro rincón del mundo a la luz de un monitor quien sabe cuando. Es como encontrarse una cinta de cassette grabada diez años atrás con una pegatina en la que se lee “Para mi amor” en el rincón de un cajón que no es el tuyo y escucharla cerrando los ojos a dos palmos del suelo.
