Cartas para enmarcar

21 de Abril, 2006

Precisamente ayer conversando mientras esperabamos para ver una película en el cine, salieron los temas que tratan estas cartas, Y creo que no pueden estar mejor expresados.

Madre

Carta publicada en la revista magazine el 9 de Abril de 2006 por Elisabet Juncá (Banyoles, Girona)

Me levanto a las ocho menos cuarto. Pongo una lavadora, preparo café, me aseo y despierto a los niños con un susurro. Saben que tienen diez minutos para despejarse y los disfrutan. Aprovecho para ponerme el chándal. A las ocho y cuarto ya están en la cocina bebiendo un gran vaso de leche tibia. Se visten (el mediano, de siete años, con más destreza que el pequeño, de cinco), les pongo los calcetines y los zapatos, les lavo la cara, les peino y preparo las bolsas con los desayunos. El mayor, de once años, no me dá más trabajo que recordarle si ha cogido el bocadillo de la nevera. A las nueve menos diez están en el colegio. Les veo felices. Es hora de irme al gimnasio. Luego, al súper. A las once y cuarto llego a casa, me ducho, hago las camas, limpio la cocina y pongo la secadora. Con ropa cómoda y zapatillas, me acomodo ante mi ordenador. Escribo dos narraciones que van a encantar al editor. Después de comer, una siesta de quince minutos, otra horita con el Word y mi cita con una telenovela. A las cuatro y media me arreglo para salir, pongo las meriendas en una bolsa, cojo mi viejo Clio y voy a buscar a mis hijos. Dos días a la semana les acompaño al fútbol o baloncesto porque les apetece. Al llegar a casa, cola para la ducha diaria. Un poco de televisión, los deberes y juegos antes de cenar. Cuando llega mi marido, hacia las nueve, les da las buenas noches y les acompañamos a la cama. El mayor irá a las diez y media en punto. Sin protestas. A veces me sabe mal no ganar más dinero teniendo una licenciatura bajo el brazo, pero me acuesto cada día pensando que prefiero mil veces más ejercer como madre y esposa que pasear mi maletín de profesora con un coche de gama alta.

La conquista del tiempo

Carta publicada en la revista magazine el 16 de Abril de 2006 por Armando Piñeiro Pérez (Lalín, Pontevedra)

Después de leer “La conquista del tiempo” en el Magazine, sólo se me ocurre pensar en el distinto orden de prioridades para las diferentes personas. No cabe duda de que en este mundo que nos tocó vivir hay una serie de cuestiones obvias, como el consumismo atroz, la competitividad feroz, el materialismo y sobre todo gran cantidad de egoísmo. A todos se nos ocurren un montón de problemas que afectan a nuestra sociedad y otros muchos que surgen cada día, pero estamos muy ocupados trabajando; estamos liadísimos. Lo peor de todo es que cuando leemos un diario o vemos un informativo ya no nos sorprendemos de las tremendas noticias que se producen, ya que son algo cotidiano. Si nos paramos a pensar en ello, acabamos convencidos de que no podemos hacer nada para cambiar la realidad. Y seguimos trabajando, yendo a toda prisa de un lado para otro, agobiados y sin tiempo para nada. Lógicamente, tampoco tenemos tiempo para cuidar nuestra alimentación y comemos no primero que encontramos. Ni para hacer un mínimo de ejercicio para mejorar nuestra salud. No nos dedicamos un solo momento a nosotros para analizar cómo somos o qué podríamos hacer para mejorar como personas. Simplemente no podemos parar, ya que cada vez hay que afrontar más gastos y tenemos que trabajar más horas. La paradoja está en que nuestros hijos, que son quienes podrían cambiar esta situación, no podrán hacerlo, porque nosotros estamos demasiados ocupados para transmitirle el cariño, el afecto, el apoyo, la educación y la fuerza necesarios para hacerlo. Estamos a tiempo de dedicarnos un poco a ellos y mantendremos la esperanza de conseguir un mundo mejor. Cambiemos nuestro orden de prioridades.

Un Comentario

  1. Cuántas veces habré pensado en esta situación. Según he ido cumpliendo años, más a menudo lo pienso; si algún día tengo un hijo, quiero verlo crecer y cuidarlo yo y la persona que esté conmigo, que no sean otros, aunque puedan ser los abuelos u otros familiares. Quiero estar con él desde el momento que llegue a casa hasta que pueda salir por sí solo de ella.

    Pero por que solo hemos de renunciar nosotras al tener un puesto de trabajo, por qué recae sobre nosotras siempre esa carga de conciencia de ser malas madres por estar fuera de casa trabajando, y a un hombre, es buen padre si está todo el día trabajando por el bien de su familia. Todavía vivimos en un mundo anticuado, aunque supongo que yo también estaré un poco anticuada por querer ser madre, y querer quedarme junto a mi hijo.

    Es algo con muchos matices y recodos que analizar y plantearse profundamente. Será porque mi madre siempre ha estado en casa para nosotros, y supongo que no seríamos ni la mitad de lo que somos todos si no fuera por ella y lo mucho que nos une. Definitivamente, de mayor, de profesión quiero ser yo, quiero ser madre, y enseñarle el mundo a mis hijos, que no sean otros.

    Muchoa amor y respeto de mi parte a todas las mujeres que son o han sido sido madres, todo mi respeto es para ellas.

    Por Mya